Mostrando entradas con la etiqueta anarquismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anarquismo. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de febrero de 2016

Los inicios del anarquismo en España

En este artículo planteamos las líneas generales del inicio del anarquismo en España hasta el final del siglo XIX.
El anarquismo se extendió en España a partir de la Primera Internacional. En esta difusión de las ideas anarquistas tendría un evidente protagonismo Giuseppe Fanelli, amigo de Bakunin. En el primer Congreso Obrero, celebrado en Barcelona en 1870, se creó la Federación Regional Española de la AIT, siendo mayoría los partidarios de las ideas de Bakunin. En el Congreso de Córdoba de 1872 se rechazaron las resoluciones aprobadas en el Congreso de La Haya, y se decidió adherirse a la Internacional disidente anarquista que se constituyó en Saint-Imier.
Mientras tanto, el fracaso del cantonalismo y la intervención de Pavía marcando el final de la Primera República marcaron el fracaso del internacionalismo en España. Surgieron grupos clandestinos y defensores de la Revolución. Esta situación cambió cuando en 1881 el gobierno liberal inició una política de mayor tolerancia hacia el asociacionismo obrero. Un sector de los anarquistas catalanes, partidarios de las acciones sindicales abiertas y no clandestinas, consiguieron crear la Federación de Trabajadores de la Región Española. En el Congreso de 1882, y que se celebró en Sevilla, se comprobó el auge de dicha Federación porque ya contaba con 50.000 afiliados, especialmente del mundo industrial catalán, y de Andalucía, las dos zonas donde siempre el anarquismo español tuvo sus mayores fuerzas.
En Andalucía los grandes propietarios comenzaron a temer la fuerza creciente del movimiento obrero anarquista, y como respuesta desarrollaron una lucha sistemática. El resultado de esta represión fue la detención de centenares de trabajadores, consiguiendo desarticular muchas organizaciones o federaciones. El episodio más famoso fue el de la Mano Negra en Jerez. La Guardia Civil descubrió a una sociedad secreta con dicho nombre y a la que se quiso identificar con la Federación de Trabajadores de la Región Española. Se usó el pretexto de dos asesinatos perpetrados pero que no tenían un móvil social para iniciar un proceso judicial contra la Mano Negra que concluyó con la ejecución de siete campesinos, varias condenas perpetuas y algunos destierros. Esta represión fue muy eficaz, ya que la Federación terminó por disolverse en 1888.
Eso no fue obstáculo para que fuera del control de la Federación hubiera pequeños grupos anarquistas autónomos, aunque de vida efímera. Su filosofía se basaría en la acción directa, o como se conocía, de la “propaganda por el hecho”, es decir, con atentados, empleando el terror. En la década de 1890 comenzó una cadena de atentados, especialmente en Barcelona. El hecho más famoso fue el de la bomba del Teatro del Liceo, que provocó una verdadera matanza. Esta acción motivó la aprobación de la Ley de Represión del Terrorismo. Dicha represión se puso en marcha, llegando al Proceso de Montjuïc con cinco penas de muerte, veinte condenas de prisión y algunas deportaciones. El proceso tuvo una enorme repercusión en toda España y en el extranjero, con diversos actos de denuncia y protesta. Una de sus consecuencias fue el asesinato de Cánovas del Castillo en 1897 por parte del obrero anarquista Angiolillo.

Eduardo Montagut

sábado, 16 de enero de 2016

Las huelgas de inquilinos

Los problemas derivados de la vivienda no son actuales. Con distintas variantes y situaciones, derivadas del contexto histórico, siempre han existido. En este trabajo nos acercamos a cómo los elevados precios de los alquileres llevaron a la movilización social en el pasado siglo.
Las huelgas de inquilinos surgieron a principios del siglo XX en diversas ciudades españolas, aunque, al parecer en 1883 en un congreso de trabajadores de Valencia se llegó al acuerdo de promover huelgas de inquilinos para que los propietarios bajaran los alquileres. En los inicios del nuevo siglo se detectan en la prensa y en congresos obreros llamamientos para organizarse con el fin de que se rebajasen los precios de los alquileres. En Barcelona se creó la “Sociedad de inquilinos la Unión”. Dicha organización animaba a los obreros a unirse en todo el país para el fin propuesto, para evitar los desahucios y proponiendo la huelga de inquilinos para conseguirlo. El impago masivo de alquileres se podía convertir en un arma eficaz. Tenemos que recordar que la mayoría de la población española vivía en régimen de alquiler. El acceso a la propiedad es un fenómeno relativamente reciente de nuestra historia contemporánea.
Las primeras huelgas de inquilinos se desarrollaron en Baracaldo y Sestao en 1905, donde se llegó a paralizar la vida en esta importante zona industrial. En 1919 destacó la huelga de inquilinos de Sevilla. Ya en los años treinta se dieron dos grandes huelgas de este tipo: en 1930 en Barcelona y tres años después en Tenerife. Pero estas movilizaciones no fueron exclusivas de España porque el fenómeno se dio también en Europa, con ejemplos destacados en Budapest, en Viena o la muy importante de Glasgow donde se movilizaron veinte mil personas en 1915. También hubo huelgas de inquilinos en América, especialmente en Argentina. En 1907 se dio la que podría ser considerada la más grande de todas, ya que afectó a más de cien mil inquilinos.
Como ha quedado apuntado, estas huelgas consistían en dejar de pagar los alquileres colectivamente, como forma de presión para una mejora de las condiciones de vida. Se reivindicaba una bajada de los alquileres y también la construcción de viviendas públicas baratas. Además, los participantes en estas huelgas se organizaban para evitar desalojos. Las mujeres se destacaron en esta faceta de la lucha social. Las huelgas de inquilinos en España tuvieron cierta influencia del anarquismo y no tanto del socialismo. Tanta fuerza tuvieron estas movilizaciones que las autoridades se emplearon a fondo en su represión con intervenciones policiales para detener a los protagonistas y que se pudieran emprender los desahucios.
A corto plazo estas luchas fracasaron porque no pudieron bajar los alquileres ni que las autoridades reconociesen a los grupos o ligas de inquilinos como interlocutores, pero en una perspectiva más amplia, no cabe duda que contribuyeron a que se terminase por reconocer el derecho a la vivienda. Aún así, en muchos lugares, incluido nuestro país, es un derecho no garantizado.

Eduardo Montagut


domingo, 10 de enero de 2016

El anarquismo

Pretender resumir el anarquismo en un breve artículo es, cuando menos, una osadía pero, también es cierto que el objetivo que se pretende es acercarse a este movimiento fundamental en la historia contemporánea, ofreciendo algunas pistas para que se pueda profundizar en el tema, posteriormente. Así pues, seremos osados.
Introducción
El anarquismo es un movimiento que, al contrario del marxismo, no presenta una coherencia doctrinal, ya que, agrupa distintas concepciones, aunque, como regla general podríamos decir que se trata de una ideología individualista y libertaria y que propugna una sociedad sin autoridad, sin propiedad privada de bienes y medios de producción. Entre sus pensadores se pueden señalar a William Godwin, Max Stirner, Proudhon, Tolstoi, Eliseo Reclus, Kropotkin y Bakunin.
Bakunin
Mijail Bakunin (1814-1876) procedía de una familia aristocrática rusa. Abandonó su carrera militar y se instaló en Berlín para estudiar. La Revolución de 1848 le sorprendió en Praga donde fue detenido por las autoridades austriacas, siendo enviado a Rusia y desterrado a Siberia. Consiguió escaparse y vivió en varias ciudades europeas, instalándose en Suiza. Bakunin se destacó por su enfrentamiento con Marx en la I Internacional.
Bakunin defiende y exalta la libertad del individuo pero concebida socialmente. El hombre no podría ser verdaderamente libre sino lo eran el resto de seres humanos. Otra de las ideas fundamentales de Bakunin es su rechazo total a la Iglesia como institución aunque admite la pluralidad de cultos, ya que la religión es una cuestión de las conciencias individuales. La educación se contempla como un instrumento de cambio social; de hecho, entre los anarquistas siempre hubo destacados pedagogos, que defendieron un nuevo modelo de educación basado en las ideas libertarias, abriendo escuelas y editando libros. En relación con esto estaría la preocupación que los activistas anarquistas dieron al desarrollo de la propaganda oral hacia los obreros, muchos de ellos analfabetos.
Bakunin perseguía la eliminación del Estado por considerarlo un instrumento represivo, y la desaparición del ejército, innecesario una vez que ya no habría Estado. Bakunin creía en la revolución campesina, hecha desde abajo, por las masas, de forma espontánea, sin participación de partidos políticos. Estos postulados se basan en el rechazo radical de Bakunin y del anarquismo, en general, hacia la política y cualquier tipo de autoridad. El anarquismo no consideraba a los obreros industriales como protagonistas exclusivos de la revolución. Bakunin apostaba por los campesinos, mientras que otros anarquistas valoraron también la importancia de más sectores oprimidos, como los estudiantes y los jóvenes.
Una vez que triunfase la revolución, surgiría una sociedad sin Estado, sin poderes institucionales y se articularía en torno a comunas autónomas, especie de pequeñas células organizadas en régimen de autogestión. Mediante el sufragio universal masculino y femenino se elegirían a quienes dirigirían las comunas. Éstas podrían federarse o separarse libremente de otras comunas, hasta constituir regiones o naciones, pero manteniendo siempre la capacidad de abandonar la federación en la que se habrían integrado. En las comunas la propiedad sería colectiva.
El ideal anarquista sería, en conclusión, el de una sociedad de hombres y mujeres absolutamente libres, que no obedecerían más que a su razón. Las comunas son la constatación del rechazo anarquista hacia las grandes concentraciones fabriles y de población, resultado de la Revolución Industrial, ya que, se pensaba que en estas concentraciones era imposible el ejercicio constante de la soberanía, verdaderamente, popular.
 Comparación entre el anarquismo y el marxismo
El anarquismo y el marxismo presentan grandes diferencias entre sí, como se puso de manifiesto en la I Internacional cuando se discutió la cuestión de la participación obrera en la política institucional. Frente a la lucha política mediante la organización de los trabajadores en partidos políticos defendida por marxismo, los anarquistas abominan de todo tipo de organización política centralizada. Eran enemigos de emprender acciones políticas porque sus ataques no iban solamente contra el Estado burgués o capitalista, como defendía el marxismo, sino contra cualquier forma de Estado y, por supuesto, contra la dictadura del proletariado.
Si la revolución era el resultado de la lucha de clases y debía ser guiada por los partidos obreros, según el marxismo;  los anarquistas hablaban, como hemos visto, de una revolución o insurrección espontáneas. Otra de las grandes diferencias se refiere a los protagonistas de la revolución. Si el proletariado industrial era el sujeto revolucionario para el marxismo, los anarquistas se inclinaban hacia los campesinos y los sectores oprimidos, en general, de la sociedad.
Anarcomunismo
El anarquismo de Bakunin puede ser definido como anarco-colectivismo, ya que suponía la colectivización de los instrumentos de trabajo, el capital y la tierra, pero no de los frutos. Pero, también habría un anarco-comunismo, defendido por Kropotkin o Reclus, entre otros, que estipularía la necesidad de colectivizar no sólo los instrumentos sino también los productos. El anarco-comunismo era más sensible a la economía industrial donde era imposible determinar la cantidad de trabajo de cada uno y, en consecuencia, la riqueza pertenecería a todos.
Violencia
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, un sector del anarquismo eligió la vía del atentado terrorista contra los representantes del poder (reyes, políticos, etc). Se trataría de la “propaganda por el hecho”. En España destacaron los atentados de la bomba del Liceo de Barcelona y el asesinato de Cánovas del Castillo.
Anarcosindicalismo
La mayoría de los obreros que se acercaron al anarquismo se distanciaron de los sectores más radicales que empleaban la violencia. Otra vía pasaba por la formación de sindicatos que impulsaran la acción directa, es decir, que los conflictos laborales debían resolverse entre los obreros y los patronos sin la intervención de organismos de arbitraje. El anarcosindicalismo se basó en los principios de la lucha de clases, de la negación de la política, especialmente del parlamentarismo burgués,  de la huelga como instrumento de lucha y la idea de la creación de una sociedad sin Estado. Después de la Primera Guerra Mundial el anarcosindicalismo entró en decadencia entre los obreros, que optaron más hacia posturas comunistas por la fuerte influencia de la Revolución Rusa, con la excepción de España donde fue una corriente fundamental del movimiento obrero, especialmente a través de la CNT, fundada en 1910.

Eduardo Montagut

miércoles, 6 de enero de 2016

Ricardo Mella en el anarquismo español

En este artículo nos acercamos a una figura fundamental del anarquismo español, Ricardo Mella Cea, que nació en Vigo en el año 1861 y falleció en la misma localidad en 1925. Federica Montseny consideraba a Mella como el más profundo, penetrante y lúcido de los pensadores anarquistas españoles y sus escritos comparables a los de otros autores del anarquismo mundial. También debe ser destacada su primigenia militancia en el republicanismo federal Se da la circunstancia, además, de que Ricardo Mella y Esperanza Serrano fueron padres de dos personajes importantes de la izquierda española del siglo XX: la anarquista Urania Mella, duramente represaliada por el franquismo, y del ingeniero y político socialista Ricardo Mella Serrano.
Mella comenzó militar en el republicanismo federal gracias a la influencia de su padre José Mella Buján, un sombrero muy activo en las filas republicanas gallegas y admirador de Pi i Margall. Nuestro protagonista ingresó, aún adolescente, en el Partido Republicano Democrático Federal, llegando a ser su secretario. Mella defendía claramente la solución federal para el Estado español y la autonomía para Galicia.
Ricardo Mella conocía bien la realidad social gallega, los problemas para subsistir y que llevaban a muchos gallegos a emigrar a Ultramar. También sabía del inmenso poder caciquil en Galicia. Estas situaciones le hicieron colaborar activamente en la prensa, como en La Verdad, órgano del republicanismo más radical. Sus denuncias sobre un desfalco en el Banco de España le llevaron ante los tribunales en 1881, siendo condenado por injurias. Pero eso no le amilanó. En Vigo fundó La Propaganda, un nuevo medio del republicanismo federalista y con tendencia al obrerismo. Dicha publicación estuvo activa hasta 1885 y fue presentada en el Congreso de Barcelona de 1881 que, como es bien sabido, fue la reunión donde se constituyó la Federación de Trabajadores de la Región Española, tras la disolución de la Federación Regional Española de la AIT. También asistió al Segundo Congreso, celebrado en Sevilla, en 1882, y donde estableció contacto con importantes anarquistas como Juan Serrano y Antoni Pellicer. En estos Congresos nuestro protagonista estaba ya evolucionando hacia el anarquismo.
En ese mismo año de 1882 tuvo que marchar a Madrid para cumplir la condena impuesta en Galicia y que era de destierro. Allí se casó con Esperanza Serrano, hija de Juan Serrano. En 1884 tradujo el libro Dios y el Estado de Bakunin, colaboró en La Revista Social y con la publicación mensual Acracia. También enviaba trabajos a la publicación anarquista barcelonesa El Productor, dirigida por destacados personajes del anarquismo como el mencionado Pellicer, Anselmo Lorenzo y Rafael Farga. Mella declaró a principios del siglo XX que La Revista Social le hizo ser anarquista.
Su suegro, Juan Serrano, le aconsejó que estudiara topografía. Eso hizo y ganó una oposición. Fue destinado a Andalucía y allí, dada su gran inquietud social, se interesó por la realidad de los jornaleros y entró en contacto con los anarquistas andaluces. Es este momento en el que Mella atacó la estrategia de la violencia. En Sevilla fundó varias publicaciones, como La Solidaridad. En esta etapa andaluza acudirá a los dos primeros Certámenes Socialistas celebrados en Reus (1885)  y Barcelona (1889), presentado varios trabajos, entre los que destacan un estudio sobre la emigración gallega, Diferencias entre el comunismo y el colectivismo, La anarquía: su pasado, su presente y su porvenir, La nueva utopía (novela imaginaria), El crimen de Chicago, etc..
En 1895 regresó a Galicia. Al año siguiente refugió en su casa de Vigo a Josep Prat, que huía de Barcelona por la persecución desencadenada a raíz del Proceso de Montjuïc. Precisamente, desde la prensa denunció los fusilamientos que trajo consigo el juicio. En esta época se intensificaron sus colaboraciones en la prensa gallega, madrileña e internacional, tanto de Estados Unidos, como de Argentina y Francia. Escribió los librosLombroso y los anarquistas (1896), Los sucesos de JerezLa barbarie gubernamental en España (Estados Unidos, 1897), La ley del número (1899), Táctica socialista (1900), La coacción moral (1901), entre otras obras. Destacará también la memoria La cooperación libre y los sistemas de comunidad, que en 1900 llevó al Congreso Revolucionario Internacional de París.
Mella siguió trabajando de topógrafo, lo que le llevó a residir durante un tiempo en Asturias. En esta época no estuvo muy activo, aunque fundaría con Eleuterio Quintanilla el periódico Acción Libertaria. Fue una etapa de fuertes disensiones y discusiones en el seno del anarquismo.
Mella no era partidario de las teorías sobre la pedagogía integral de Ferrer i Guardia porque siempre defendió un anarquismo puro, sin adjetivos. A raíz de los sucesos de la Semana Trágica siguió trabajando en la prensa anarquista, en Acción Libertaria de Gijón y en El Libertario, publicaciones asturianas. También colaborará en Acción Libertaria, publicación madrileña, además de regresar a Vigo donde se dedicaría a la construcción de la red de tranvías eléctricos, que pasó a dirigir. No fue contrario a la creación de la CNT pero planteó algunos reparos. En 1911 acudió al primer congreso de la Confederación representando a Asturias.
Mella fue dejando su militancia de primera línea en el seno del anarquismo en torno a la época en la que estalló la Gran Guerra, dedicándose de pleno a su profesión hasta que le sorprendió la muerte en 1925.
Eduardo Montagut

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bakunin

Bakunin es un personaje fundamental en la historia. En este artículo intentaremos abordar sus ideas, aunque sea brevemente.
Mijail Bakunin (1814-1876) procedía de una familia aristocrática rusa. Abandonó su carrera militar y se instaló en Berlín para estudiar. La Revolución de 1848 le sorprendió en Praga donde fue detenido por las autoridades austriacas, siendo enviado a Rusia y desterrado a Siberia. Consiguió escaparse y vivió en varias ciudades europeas, instalándose en Suiza. Bakunin se destacó por su enfrentamiento con Marx en la Primera Internacional.
Bakunin defendía la libertad del individuo pero concebida socialmente. El hombre no podría ser verdaderamente libre sino lo era el resto de seres humanos. Otra de las ideas fundamentales de Bakunin era su rechazo total a la Iglesia como institución aunque admitía la pluralidad de cultos, ya que la religión era una cuestión del ámbito de las conciencias individuales. La educación era contemplada como un instrumento de cambio social. Esta idea caló en el anarquismo. Entre los anarquistas siempre hubo destacados pedagogos, que defendieron un nuevo modelo de educación basado en las ideas libertarias, abriendo escuelas, editando libros y revistas pedagógicas. En relación con esto estaría, también, la preocupación que los activistas anarquistas dieron al desarrollo de la propaganda oral hacia los obreros, muchos de ellos analfabetos.
Bakunin perseguía la eliminación del Estado por considerarlo un instrumento represivo, la desaparición del ejército, innecesario una vez que ya no había Estado; y la creencia en la revolución campesina, hecha desde abajo, por las masas, de forma espontánea, sin participación de partidos políticos de ningún tipo. Estos postulados se basaban en el rechazo radical de Bakunin y del anarquismo, en general, hacia la política y cualquier tipo de autoridad. El anarquismo no consideraba a los obreros industriales como protagonistas exclusivos de la revolución. Bakunin apostaba por los campesinos, mientras que otros anarquistas valoraron también la importancia de otros sectores oprimidos, como los estudiantes y los jóvenes.
Una vez que triunfase la revolución, surgiría una sociedad sin Estado, sin poderes institucionales, que se articularía en torno a comunas autónomas, especie de pequeñas células organizadas en régimen de autogestión. Mediante el sufragio universal masculino y femenino se elegirían a quienes dirigirían las comunas. Éstas podrían federarse o separarse libremente de otras comunas, hasta constituir regiones o naciones, pero manteniendo siempre la capacidad de abandonar la federación en la que se habrían integrado. En las comunas la propiedad sería colectiva.
El ideal anarquista sería, en conclusión, el de una sociedad de hombres y mujeres absolutamente libres, que no obedecerían más que a su razón. Las comunas eran la constatación del rechazo anarquista hacia las grandes concentraciones fabriles y de población, resultado de la Revolución Industrial, ya que, se pensaba que en estas concentraciones era imposible el ejercicio constante de la soberanía, verdaderamente popular.
Bakunin ingresó en 1868 en la Internacional, protagonizando un duro enfrentamiento con Marx en el Congreso de Basilea de 1869. La polémica giró en torno a la participación obrera en la política, rechazada frontalmente por Bakunin. Pero Marx consiguió que la mayoría del Congreso se declarara a favor de la organización de un partido obrero. En el Congreso de La Haya (1872) los anarquistas fueron expulsados de la AIT, aunque éstos convocaron otro congreso en Saint-Imier para rechazar los postulados marxistas.

Eduardo Montagut

sábado, 26 de diciembre de 2015

Soledad Gustavo: la intensa lucha de una maestra y editora

Teresa Mañé Miravet, más conocida como Soledad Gustavo, fue una destacada maestra, escritora y editora librepensadora fundamental en el universo anarquista español entre el último cuarto del siglo XIX y las cuatro primeras décadas del siglo XX. Fue esposa de otro destacadísimo librepensador, Juan Montseny Carret, más conocido como Federico Urales, con quien tuvo a otra mujer destacada en la historia contemporánea española, Federica Montseny.
Soledad Gustavo nació en Cubelles en el año 1865 en el seno de una familia acomodada, aunque realmente se crió en Vilanova i la Geltrú. Estudió magisterio en 1883 en Barcelona. Se vinculó al Centro Democrático Federalista. En este sentido es interesante señalar cómo una parte importante de los anarquistas comenzó militando en el federalismo. En 1886, con la ayuda de Bertomeu Gabarró, librepensador, abrió la primera escuela laica en Vilanova. Perteneció a la Confederación de Maestros Laicos de Cataluña. La vocación pedagógica de nuestra protagonista siempre fue constante, una de las señas de identidad del anarquismo español.
Soledad Gustavo comenzó a relacionarse con destacados librepensadores como Tarrida del Mármol, Josep Llunes i Pujals o Teresa Claramunt, y que terminaron por inclinarla hacia el anarquismo.
En 1889 participa en el II Certamen Socialista que se celebra en Barcelona y donde presentará una ponencia titulada “El amor libre”, ganando un premio. En aquella época conoce a Juan Montseny, que luego sería conocido como Federico Urales. Se casaron en 1891 y se trasladaron a vivir a Reus, donde abrieron una escuela laica mixta.
Tras el atentado del Corpus en 1896 y el Proceso de Montjuïc, Federico Urales fue detenido en dos ocasiones por su defensa en la prensa de algunos encausados. Soledad Gustavo luchará para que fuera liberado. Al final lo consigue pero es desterrado a Londres. Teresa viajará a Inglaterra en 1897. Pero allí estarán muy poco tiempo porque deciden regresar clandestinamente a España, empeñados en la revisión del proceso judicial. Después de algunas peripecias pasan a residir a Madrid donde también se reúnen varios familiares. Allí nacería Federica Montseny en 1905.
En la capital sacarán adelante dos publicaciones importantes en el ámbito del librepensamiento, La Revista Blanca y Tierra y Libertad. En ellas no sólo escribirán anarquistas. Encontraremos artículos de Azorín, Baroja, Maeztu y Unamuno, entre otros. En el año 1901 nuestra protagonista participará en el ciclo de conferencias del Ateneo en el ciclo titulado “La Sociedad Futura”.
Soledad Gustavo se empeñó en defender la causa de los detenidos en los procesos de Jerez y de la Mano Negra, y para ello viajó por Andalucía. El matrimonio se comprometió también a favor de Ferrer i Guardia, cuando fue detenido y encausado a raíz de la Semana Trágica, y que le llevó a perder la vida.
La estancia en Madrid se termina a raíz del enfrentamiento de Federico Urales con Arturo Soria. Urales había acusado al urbanista de estafa y eso provocó una fuerte presión sobre el matrimonio. Al final, deciden regresar a Cataluña en 1912. Allí consiguen reeditar La Revista Blanca y Tierra y Libertad, las dos publicaciones a las que tantos esfuerzos dedicaron. Pero además, con gran tesón, sacaron adelante una serie de proyectos editoriales. En primer lugar, estaría la colección La Novela Ideal, que publicaba cada quince días dos novelas. Se llegaron a publicar unos seiscientos números. También vio la luz la colección La Novela Libre, de novelas con más extensión. Sacaron El Mundo al Día y el diario El Luchador, periódico que duró hasta la guerra civil. En este ambicioso empeño editorial, con muy pocos paralelismos en la historia, la familia se distribuyó el trabajo. Soledad era la editora, la administradora que organizaba todo el proceso, mientras Federico y la joven Federica Montseny escribían incansablemente. Esta razón, además del ascenso que su hija tuvo en el seno del anarquismo, hizo que Soledad Gustavo pasara a un segundo plano cuando es innegable su enorme capacidad organizativa y de trabajo. Soledad Gustavo también nos ha dejado muchos artículos en estas publicaciones y en otras. Debemos destacar sus textosSindicalismo y Anarquía, y Política y Sociología.
Soledad Gustavo sufrió intensamente en la guerra civil a causa de una grave enfermedad. En 1939 tuvo que cruzar la frontera con su familia. El infortunio se cebó en nuestra protagonista porque, al romperse una pierna, tuvo que ser llevada a un hospital en Perpiñan. Allí el cáncer terminó con su energía el 5 de febrero de 1939.

Eduardo Montagut

lunes, 21 de diciembre de 2015

Proudhon

Proudhon es un personaje clave a caballo entre el socialismo y el anarquismo, con una serie de planteamientos muy sugerentes, que merecen nuestra atención, especialmente los relacionados con el mutualismo y las cooperativas. En este breve artículo realizaremos una aproximación a sus ideas.
Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) fue un pensador autodidacta francés que planteó profundas críticas de la realidad de su momento. En París se relacionó con los socialistas utópicos de la órbita Fourier. Entre 1840 y 1842 publicó sus conocidas Memorias sobre la propiedad. En la primera de ellas planteó la famosa pregunta sobre qué era la propiedad, y su consideración como un “robo”. La propiedad no se basaría en el trabajo, ni en el derecho natural ni en la ley, sino en la ocupación violenta. Su existencia obligaba, por tanto, a los hombres a realizar un trabajo por el que recibían una retribución aunque parcial. Pero Proudhon no era contrario completamente a la propiedad. Respetaba aquella que nacía del trabajo. Lo ideal era que todos tuvieran la obligación de trabajar y, de ese modo, generalizar la propiedad, dejando fuera a los perezosos.
Pero su obra fundamental es su Sistema de las contracciones económicas, o Filosofía de la miseria (1846). Se trata de un texto donde se fusionan el socialismo utópico con elementos de la economía clásica liberal. En la obra se defiende el mutualismo, un sistema donde quedaría abolido el dinero y donde se establecería un intercambio justo de los productos, medio para construir una sociedad armónica. El concepto de autoridad quedaría sustituido por el del contrato libre. No serían necesarias las leyes ni las instituciones. Proudhon aborrecía la violencia como medio para transformar el orden. En contraposición se debía establecer una etapa intermedia con el establecimiento de un sistema de crédito sin intereses y la creación de cooperativas. Todo esto provocó la condena de Marx que le acusó de defender un tipo de socialismo pequeño burgués.
Proudhon participó en el proceso revolucionario de 1848 al ser elegido diputado de la Asamblea Nacional. Napoleón III le condenó a tres años de prisión por el delito de incitación al odio.
Las ideas de Proudhon se acercan al anarquismo por su fuerte crítica al estatismo socialista marxista. También fue muy crítico con la Iglesia, defendiendo el mantenimiento del concepto de familia. Del anarquismo evolucionó hacia una especie de federalismo democrático como solución al problema del Estado. También modificó su inicial ataque a los métodos violentos, al considerar en la obra La guerra y la paz (1861) que la guerra podía ser lícita en determinadas circunstancias.
Un aspecto más polémico es el relacionado con sus ideas sobre la mujer. Proudhon mantuvo una postura antigualitaria evidente porque no contemplaba el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar.
En conclusión, Proudhon ejerció una gran influencia en el movimiento obrero francés, en los anarquistas, y en los socialistas defensores de fórmulas cooperativistas.

Eduardo Montagut

viernes, 18 de diciembre de 2015

La Revista Blanca

 La Revista Blanca, con el subtítulo de “Psicología, Ciencias y Artes”, fue una publicación que sacó adelante el matrimonio de librepensadores formado por Soledad Gustavo (Teresa Mañé) y Federico Urales (Juan Montseny) en dos períodos. Se trató de una de las realizaciones más importantes en el universo editorial del anarquismo español, tan rico y tan poco conocido hoy en día.
La primera etapa de la publicación, entre 1898 y 1905, se desarrolló en Madrid. En esta época la revista contó con la colaboración de personajes de la talla de Miguel de Unamuno, Manuel Cossío, Leopoldo Alas, Giner de los Rios, entre otros, junto con lo más granado del anarquismo español: Anselmo Lorenzo, Ricardo Mella, Fernando Tárrida del Mármol, Leopoldo Bonafulla y Teresa Claramunt. En cierta medida fue un puente entre la intelectualidad y el anarquismo o el movimiento obrero, una cuestión que tiene una evidente importancia en la historia de la cultura en la España contemporánea. En aquella época la tirada llegó a unos ocho mil ejemplares. En 1899 se creó un suplemento, que con el tiempo pasaría a ser el semanario Tierra y Libertad. La publicación se empeñó en la defensa de la revisión de diversos procesos que afectaron a los anarquistas, además de luchar por la reorganización de la Federación Regional Española de la Internacional.
Cuando el matrimonio pasó a residir, después de varias peripecias y vicisitudes, definitivamente en Cataluña, volvió a reaparecer el 1 de junio de 1923 en Barcelona, meses antes del golpe de Miguel Primo de Rivera, que inauguraría su Dictadura y el fin de la Monarquía de Alfonso XIII. Hasta noviembre de 1933 tuvo una periodicidad quincenal. A partir de entonces y hasta agosto de 1936, ya iniciada la guerra civil, pasó a ser semanal. En este momento la publicación se dedicó a la defensa de la teoría anarquista frente a las tesis anarcosindicalistas y la CNT. Escribieron Max Nettlau, Adrián del Valle, Carlos Malato, Diego Abad de Santillán, Sebastián Faure, Luigi Fabri, Germinal Esgleas, Casimiro Pla, Juan Gallego, Felipe Alaiz, el propio Federico Urales, etc.
En relación con la revista se editaron las colecciones de novelas políticas La Novela Ideal y La Novela Libre, un ambicioso proyecto editorial. La primera colección sacaba dos novelas cada quince días, y la segunda contenía novelas de mayor extensión. Soledad Gustavo era la editora, la persona que administraba y coordinaba todo frente a Federico Urales y Federica Montseny, la hija de ambos, se dedicaban a escribir incansablemente. Es difícil encontrar una empresa cultura de este tipo en la historia.

Eduardo Montagut

jueves, 17 de diciembre de 2015

Soledad Gustavo y Federico Urales

En este artículo nos acercamos a dos personajes fundamentales de la historia del anarquismo, padres a su vez, de otra de las figuras claves del propio anarquismo y de la Historia de España, Federica Montseny.
Soledad Gustavo nació en Vilanova i la Geltrú en el año 1865. En realidad, su nombre era Teresa Mañé y estuvo casada con Federico Urales, padres ambos de la líder anarquista Federica Montseny, como hemos expresado. Soledad Gustavo se preocupó de los derechos de la mujer y está considerada una de las principales feministas dentro del anarquismo español. Fundó una escuela librepensadora y dedicó gran parte de su vida a escribir en revistas libertarias como “La Tramontana”, “El Productor”, “La Revista Blanca”, “Tierra y Libertad”. Entre sus obras destacarían las siguientes: La sociedad futura (1899) y El sindicalismo y la anarquía (1933). Soledad Gustavo murió en Perpiñán en 1939.
Federico Urales, pseudónimo de Juan Montseny, por su parte, fue también un destacado anarquista, que nació en 1864 en Tarragona. Fundó y dirigió la Escuela Laica de Reus. Procesado en Montjuich (1896-97), fue encarcelado y luego desterrado. Vivió en Londres y París. Fue un escritor incansable. Escribió en “La Revista Blanca” y “Tierra y Libertad”. Dirigió dos colecciones de novela libertaria en los años veinte: La Novela Libre y La Novela Ideal. Estas colecciones tuvieron una honda repercusión popular y sirvieron para hacer llegar a un amplio sector de la población las ideas anarquistas, la fe en la ciencia y en la razón. Murió en el exilio francés en el año 1942, unos pocos años después que su compañera.
Eduardo Montagut

Federica Montseny

Federica Montseny nació en 1905 en Madrid, hija de Joan Montseny (Federico Urales) y Teresa Mañé (Soledad Gustavo), dos personajes fundamentales del anarquismo español. Desde muy jovencita, dado su ambiente familiar, se vio inclinada a la escritura con fines revolucionarios. Durante la Dictadura de Primo de Rivera inició una colaboración en “La Revista Blanca”, escribiendo sobre temas literarios y filosóficos. En esta misma época publicó sus primeras novelas. Su pasión literaria se transformó en actividad política cuando fue proclamada la Segunda República. En junio de 1931 ingresó en la CNT. Montseny estaba preocupada por la cuestión de la revolución anarquista en línea con el pensamiento que consideraba que la revolución nacería en el campo, extendiéndose luego a la ciudad. Pero, por otro lado, no estaba de acuerdo con el ataque frontal a la República como pretendía el grupo “Nosotros”. También escribió y luchó intensamente por la igualdad entre hombres y mujeres.
En noviembre de 1933 fue nombrada redactora del periódico “Solidaridad Obrera”. En el congreso de la CNT, celebrado en Zaragoza en mayo de 1936, participó en la elaboración de la ponencia sobre comunismo libertario, junto con Zubizarreta, Ascaso y García Oliver.
Al día siguiente del fracaso de la sublevación militar en Barcelona, el Comité Peninsular de la FAI le pidió que aceptara ser miembro del mismo. Fue designada delegada en el Comité Regional de la CNT. Al poco tiempo se encargó de representar a la regional catalana en el Comité Nacional.
Montseny participó en el gobierno republicano. Al igual que García Oliver, justificó esta entrada en el gobierno porque consideraba que era necesaria para impedir el desplazamiento de los libertarios de la dirección del proceso revolucionario. Fue ministra de Sanidad y Asistencia Social desde noviembre de 1936 hasta mayo de 1937 cuando cayó Largo Caballero. Esta participación le costaría no pocos disgustos y conflictos, y generaría una intensa polémica en el seno del anarquismo. En el corto espacio en el que Federica Montseny fue ministra desarrolló una intensa actividad. Ideó espacios de acogida para los niños, comedores para embarazadas, centros “liberatorios” para prostitutas, un listado de profesiones para que pudiera ser ejercidas por minusválidos, y el primer proyecto de ley del aborto en España, aunque en Cataluña existía ya una ley propia. Pero el poco tiempo en el que tuvo responsabilidades políticas impidió que sus proyectos pudieran funcionar o ponerse en marcha; solamente consiguió abrir un hogar para niños en Valencia y un comedor para embarazadas.
Hasta el final de la guerra desarrolló una intensísima labor propagandística, tarea en la que siguió empeñándose al terminar la contienda en el exilio. Federica Montseny falleció en Toulouse en 1994.
Entre sus obras citaremos las siguientes: La Victoria. Novela en que se narran los problemas de orden moral que se le presentan a la mujer de ideas modernas (1925)El hijo de Clara. Segunda Parte de La Victoria (1927), y Acción de la mujer en la paz, y en la guerra (1938), una conferencia que pronunció en el Centro de Mujeres Libres.

Eduardo Montagut