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jueves, 31 de marzo de 2016

El modelo sindical de la Dictadura de Primo de Rivera

 El modelo sindical de la Dictadura de Primo de Rivera se estableció a través de los denominados Comités Paritarios, organismos creados por un decreto-ley de 26 de noviembre de 1926, obra de Eduardo Aunós, ministro de Trabajo bajo la Dictadura de Primo de Rivera. Tenían como misión regular las relaciones laborales. Se encontraban dentro de la Organización Corporativa Nacional, y eran su principal pilar. Tenían funciones jurisdiccionales e inspectoras. Se encargaban de aprobar y elaborar leyes reguladoras sobre las condiciones laborales y de resolver los conflictos entre la patronal y los obreros.
Los Comités Paritarios estaban formados por vocales, en igual número, que eran representantes de los patronos y de los trabajadores. El presidente era un representante del gobierno. Los vocales eran nombrados de forma libre por los empresarios y por los sindicatos. De esta manera, la UGT consiguió copar casi todos los puestos, habida cuenta que el sindicalismo anarquista estaba prohibido. La participación de la familia socialista en el sistema laboral corporativo diseñado por la Dictadura generó un intenso debate interno.
Por encima de los Comités estaban los Consejos de Corporación y una Comisión Delegada de Consejos. También, había Comisiones Paritarias locales de trabajo y provinciales. Duraron hasta 1931 cuando fueron sustituidos por los Jurados Mixtos.
Los Comités Paritarios contribuyeron, además de la represión y la bonanza económica, que no deben olvidarse, a que la conflictividad social bajase considerablemente en relación con el período anterior. Pero la crisis económica que comenzó a afectar a España ya en 1928 terminaría con la relativa paz social. Precisamente, en este momento, la patronal y los sectores sociales y políticos más conservadores comenzaron a criticar a los Comités Paritarios. Pidieron su reforma para que solamente se dedicasen a las cuestiones de arbitraje laboral y no a legislar. El paternalismo de Primo de Rivera no era ya una opción que los empresarios considerasen positiva.
En conclusión, los Comités Paritarios se quedaron a medio camino entre dos modelos de sindicalismo. Por un lado, al estar integrados en la Organización Corporativa Nacional, parecían encuadrarse en el sindicalismo único y obligatorio de tendencia vertical y totalitaria. Pero, al permitir la existencia de la UGT, habría un componente de sindicalismo de clase evidente. No era, pues, igual al modelo italiano impuesto por el fascismo. Lo que se pretendía era evitar las huelgas y solucionar los conflictos sociales a través de la intervención. El franquismo, por su parte, aprenderá de la experiencia de la Dictadura y será más favorable al modelo fascista para establecer un claro sindicalismo vertical. Era impensable que se permitiesen los sindicatos de clase.
Eduardo Montagut

viernes, 22 de enero de 2016

Apuntes sobre el inicio del anarcosindicalismo en España

El anarcosindicalismo se vertebra en torno al sindicato como protagonista indiscutible de la movilización social, y tuvo un evidente éxito entre la clase obrera española. El sindicato se organizaba por ramas o sectores de producción. Buscaba, en primer lugar, transformaciones en el ámbito laboral, de ahí la popularidad que alcanzaron. Pero ese sería solamente el paso previo, ya que, al final lo que se pretendía era la revolución social, con la huelga general como instrumento fundamental.
200px-Logo_CNTEl anarcosindicalismo recoge algunos aspectos del marxismo para unirlos con las ideas anarquistas, como era la lucha libertaria, su aversión hacia la política y la participación en las instituciones democráticas, y la descentralización en la gestión. Hubo roces entre el anarquismo teórico y el anarcosindicalismo. Los grandes teóricos del anarcosindicalismo fueron Anselmo Lorenzo, Llunas i Pujals, etc., y los dirigentes más conocidos fueron Salvador Seguí, Ángel Pestaña, y Joan Peiró. En 1919 se celebró un congreso donde se establecieron algunos puntos: el comunismo libertario, la acción directa como forma de lucha, supresión de la propiedad privada y abolición del Estado.
Aunque hemos hablado de los conflictos entre el anarquismo teórico y el anarcosindicalismo no cabe duda que los enfrentamientos importantes se dieron entre éste y el socialismo español, ya fuera con el PSOE, ya, especialmente, con la UGT. Los anarcosindicalistas criticaban a los socialistas por reformistas, porque buscaban participar en las instituciones, y porque no los consideraban revolucionarios. En la historia del movimiento obrero español es muy importante conocer la competencia y conflicto entre la CNT y la UGT.
El anarcosindicalismo aparece con la creación de Solidaridad Obrera y con la formación de la CNT. En el ámbito pedagógico destacará la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, y su editorial y periódico, “La Huelga General”.

Eduardo Montagut

viernes, 25 de diciembre de 2015

La Huelga General

Históricamente, la huelga general ha sido considerada por el sindicalismo revolucionario como el medio más adecuado para conseguir el triunfo de la Revolución sobre las fuerzas económicas, sociales y políticas que sostendrían el capitalismo. A través de la huelga general, los sectores productivos pasarían a manos de los obreros y campesinos, quienes expropiarían los medios de producción. Estos medios se organizarían a través de sindicatos, comités y cooperativas. Es la expresión máxima de la acción directa. En la Carta de Amiens de 1906 de la Confederación General del Trabajo de Francia se estableció que la huelga revolucionaria era el camino para llegar al final del proceso revolucionario, llegando a la total emancipación capitalista. En aquella reunión se reafirmó la independencia de los sindicatos frente a los partidos políticos.



Por su parte, en el ámbito socialista la cuestión de la huelga general fue intensamente debatida en la Segunda Internacional. En 1904 se llegó a una postura de compromiso sobre la huelga general que, en el fondo, suponía la renuncia a este instrumento para terminar con el capitalismo. Pero, al año siguiente, se reabrió el debate cuando estalló la Revolución rusa de 1905, iniciada con una huelga general. Por fin, en 1906, fueron derrotadas las tesis revolucionarias en el seno de la Internacional y se desechó definitivamente el empleo de la huelga general.

En España, tanto la CNT como la UGT utilizaron la huelga general en distintos momentos y ámbitos geográficos: en 1902 en Cataluña y en 1917 en toda España. En la línea de lo que hemos estudiado sobre las diferencias entre el sindicalismo revolucionario y el socialismo, el anarcosindicalismo español siempre fue más partidario de la huelga general que el sindicalismo socialista. Para los socialistas la huelga general generaba un desgaste de las fuerzas sindicales.
La huelga general no tiene, en la actualidad, un carácter revolucionario, ya que se emplea como un medio para solucionar problemas que no encuentran solución mediante huelgas parciales, o para acelerar cambios políticos y sociales.

Eduardo Montagut


martes, 22 de diciembre de 2015

Solidaridad Obrera

La Solidaridad Obrera fue una organización sindical constituida el 3 de agosto de 1907 como resultado de la coordinación de las organizaciones obreras de Barcelona. Fue la culminación de un proceso de modernización del obrerismo catalán con influencias del francés y estimulado por la creación de la Solidaritat Catalana. Desde el principio quiso tener vocación estatal y su creación había sido promovida por sindicatos diversos en Madrid, en Barcelona y Cataluña. Nació, pues, como un intento de pacto o unión entre el movimiento obrero socialista y el anarquista y como alternativa obrera al lerrouxismo y al catalanismo de la Solidaritat Catalana. Sus principales impulsores fueron Antoni Colomé, Badia Matamala, Jaume Bisbe, Ramon Lostau, Fabra i Ribas, Miquel V. Moreno, Tomás Herreros, Josep Roman, Josep Mas-Gomerí y Salvador Seguí. Las primeras reuniones comenzaron en el mes de mayo entre socialistas, anarquistas y republicanos.
El 20 de julio, treinta y dos entidades -socialistas, anarquistas, republicanas- firmaron el Manifiesto de Solidaridad Obrera a los Trabajadores de Barcelona, de fuerte influencia libertaria. Las sociedades adheridas, con el apoyo de Ferrer i Guardia, iniciaron el 19 de octubre de 1907 la publicación del semanario “Solidaridad Obrera”. Hasta la época de la Semana Trágica tuvo importantes colaboradores, como Anselmo Lorenzo. A partir de 1910 se convirtió en una publicación claramente vinculada a la creación de la CNT. “Solidaridad Obrera” es clave en la historia de la prensa española por su contribución a la difusión de las ideas y prácticas anarcosindicalistas y del movimiento obrero, en general.
En septiembre de 1908 se intentó superar el marco barcelonés y, para ello, en un Congreso celebrado en la ciudad se creó la Confederación Regional de Resistencia Solidaridad Obrera con representación de entidades de Barcelona y su provincia, Reus, Tarragona, Blanes, Girona y Palafrugell, intentando, además, mantener un cierto equilibro entre socialistas y anarquistas pero no pudiendo evitar los choques con los lerrouxistas, enfrentamiento que comenzó en el verano de 1908. Los socialistas irán siendo gradualmente marginados.
La Semana Trágica y su fuerte represión provocaron un evidente freno para la Solidaridad. El segundo Congreso, ya de ámbito nacional, se reunió entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre de 1910. En dicho Congreso los socialistas fueron contrarios a crear una organización estatal porque entraría en colisión con la UGT. En ese momento se decidió la creación de la Confederación General del Trabajo (CNT). Fue, pues, el momento que marcó el final de la Solidaridad Obrera y el comienzo de la CNT.
Eduardo Montagut