Mostrando entradas con la etiqueta compromiso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta compromiso. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de diciembre de 2015

La Huelga General

Históricamente, la huelga general ha sido considerada por el sindicalismo revolucionario como el medio más adecuado para conseguir el triunfo de la Revolución sobre las fuerzas económicas, sociales y políticas que sostendrían el capitalismo. A través de la huelga general, los sectores productivos pasarían a manos de los obreros y campesinos, quienes expropiarían los medios de producción. Estos medios se organizarían a través de sindicatos, comités y cooperativas. Es la expresión máxima de la acción directa. En la Carta de Amiens de 1906 de la Confederación General del Trabajo de Francia se estableció que la huelga revolucionaria era el camino para llegar al final del proceso revolucionario, llegando a la total emancipación capitalista. En aquella reunión se reafirmó la independencia de los sindicatos frente a los partidos políticos.



Por su parte, en el ámbito socialista la cuestión de la huelga general fue intensamente debatida en la Segunda Internacional. En 1904 se llegó a una postura de compromiso sobre la huelga general que, en el fondo, suponía la renuncia a este instrumento para terminar con el capitalismo. Pero, al año siguiente, se reabrió el debate cuando estalló la Revolución rusa de 1905, iniciada con una huelga general. Por fin, en 1906, fueron derrotadas las tesis revolucionarias en el seno de la Internacional y se desechó definitivamente el empleo de la huelga general.

En España, tanto la CNT como la UGT utilizaron la huelga general en distintos momentos y ámbitos geográficos: en 1902 en Cataluña y en 1917 en toda España. En la línea de lo que hemos estudiado sobre las diferencias entre el sindicalismo revolucionario y el socialismo, el anarcosindicalismo español siempre fue más partidario de la huelga general que el sindicalismo socialista. Para los socialistas la huelga general generaba un desgaste de las fuerzas sindicales.
La huelga general no tiene, en la actualidad, un carácter revolucionario, ya que se emplea como un medio para solucionar problemas que no encuentran solución mediante huelgas parciales, o para acelerar cambios políticos y sociales.

Eduardo Montagut


sábado, 19 de diciembre de 2015

Fernando Tarrida del Mármol. Historia de un anarquista

En este trabajo abordamos la vida y obra de Fernando Tarrida del Mármol, escritor anarquista español fundamental en la transición entre los siglos XIX y XX.
Fernando Tarrida del Mármol nació en La Habana en el año 1861 en el seno de una familia adinerada que había emigrado de Cataluña. Su tío era el general Donato Mármol. Pero la familia decidió regresar a España y se afincaron en Sitges donde instalaron una fábrica de calzado. Fernando estudió en Sant Gervasi (Barcelona) y en Toulouse, en su Liceo. En 1880 entraría en la Universidad de Barcelona.
Nuestro protagonista comenzó a interesarse muy pronto por la política en el ámbito del republicanismo federal pero siendo aún muy joven se cruzó en su vida el máximo exponente del anarquismo español, Anselmo Lorenzo, encuentro que le marcó porque abrazaría esta causa y rompería con su familia. Estudió ingeniería en Barcelona, aunque decidió, después de pasar una etapa de penurias en la que intentó sobrevivir dando clases particulares a universitarios, ya que su familia dejó de mandarle dinero, marchar a París a estudiar en la Escuela Politécnica.
En la capital francesa Tarrida afianzó su compromiso anarquista, asistiendo a reuniones y congresos, representando a los anarquistas españoles. Fue ganando fama, conociendo a importantes figuras, titulándose como ingeniero industrial y hablando varios idiomas. Fue profesor y dirigió la Escuela Politécnica de Barcelona.
Tarrida escribió numerosos artículos de teoría anarquista en las principales revistas como AcraciaLa Revista Blanca y El Productor. Conoció a Francisco Urales y llegó a colaborar con Ferrer i Guardia en su Escuela Moderna. No sólo publicó en los periódicos anarquistas; también fue corresponsal en Londres de El Heraldo de Madrid, y publicó en prensa extranjera francesa como en L’Intransigeant y en el Daily Mail londinense, entre otros.
Uno de sus artículos es fundamental para entender su concepción del anarquismo, como una teoría sin adjetivos. Se trata de un trabajo publicado en La Révolte en el año 1889.
Tarrida conoció y trató a los principales protagonistas del anarquismo como Piotr Kropotkin y Enrico Malatesta.
Tras el Proceso de Montjuïc de 1896 decidió exiliarse en Francia, Bélgica y Gran Bretaña.  Interesa destacar sus críticas a la forma de actuar de las autoridades españolas que reprimieron indiscriminadamente a los anarquistas, y que recogería en su obra Los inquisidores españoles.
En Londres siguió difundiendo el anarquismo. Allí moriría en 1915.

Eduardo Montagut