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jueves, 31 de diciembre de 2015

Los Ateneos Obreros

Los ateneos obreros aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa a los ateneos que la burguesía había ido creando en distintas ciudades como centros para el fomento de la cultura y del arte.
Los ateneos obreros pretendían ser centros culturales populares, es decir, se centraban en las preocupaciones y necesidades culturales y de ocio de las clases trabajadoras. Destacarán, entre muchos ejemplos, el Ateneo Catalán de la Clase Obrera y el Ateneo Enciclopédico Popular.
(Wikipedia)
Hemos señalado que los ateneos obreros se presentaban como una alternativa a los ateneos burgueses pero, conviene, señalar que surgieron también por el desinterés del Estado liberal por la educación y fomento cultural de los obreros.
Los anarquistas mostraron una intensa y constante preocupación por la mejora cultural de los trabajadores. Por su parte, los socialistas se incorporaron después a esta iniciativa desde una posición inicial más recelosa o tímida. A finales del siglo XIX cambiarán de posición y se lanzarán a intentar conquistar el espacio cultural perdido ante los anarquistas, empleando las casas del pueblo. En lo que sí estaban de acuerdo unos y otros era en que el triunfo de sus ideas debía ir precedido o acompañado de la educación del proletariado. Si los obreros no tenían educación ni cultura era imposible que la revolución triunfase.
Los ateneos obreros se organizaron como un espacio común, una casa para todos los obreros, desde donde se difundían doctrinas e ideas sociales y políticas, especialmente las relacionadas con las ventajas de la asociación y la organización como medios para luchar en defensa de sus intereses, además del reforzamiento de la conciencia de clase.
Este primer objetivo se fue acompañando del eminentemente cultural. Se abrieron en su seno bibliotecas populares, centros de lectura, escuelas para adultos y para los hijos de los obreros, espacios para desarrollar el deporte, actividades musicales y teatrales, así como lugares para el ocio.
A comienzos del siglo XX se vivió una verdadera eclosión de ateneos obreros de signo anarquista, pero, también las casas del pueblo socialistas albergaron las actividades propias de los ateneos. Es importante destacar que, en algunos casos ateneos y casas del pueblo llegaron a contar con actividades relacionadas con servicios médicos, mutualidades y economatos.
Eduardo Montagut

viernes, 18 de diciembre de 2015

La Revista Blanca

 La Revista Blanca, con el subtítulo de “Psicología, Ciencias y Artes”, fue una publicación que sacó adelante el matrimonio de librepensadores formado por Soledad Gustavo (Teresa Mañé) y Federico Urales (Juan Montseny) en dos períodos. Se trató de una de las realizaciones más importantes en el universo editorial del anarquismo español, tan rico y tan poco conocido hoy en día.
La primera etapa de la publicación, entre 1898 y 1905, se desarrolló en Madrid. En esta época la revista contó con la colaboración de personajes de la talla de Miguel de Unamuno, Manuel Cossío, Leopoldo Alas, Giner de los Rios, entre otros, junto con lo más granado del anarquismo español: Anselmo Lorenzo, Ricardo Mella, Fernando Tárrida del Mármol, Leopoldo Bonafulla y Teresa Claramunt. En cierta medida fue un puente entre la intelectualidad y el anarquismo o el movimiento obrero, una cuestión que tiene una evidente importancia en la historia de la cultura en la España contemporánea. En aquella época la tirada llegó a unos ocho mil ejemplares. En 1899 se creó un suplemento, que con el tiempo pasaría a ser el semanario Tierra y Libertad. La publicación se empeñó en la defensa de la revisión de diversos procesos que afectaron a los anarquistas, además de luchar por la reorganización de la Federación Regional Española de la Internacional.
Cuando el matrimonio pasó a residir, después de varias peripecias y vicisitudes, definitivamente en Cataluña, volvió a reaparecer el 1 de junio de 1923 en Barcelona, meses antes del golpe de Miguel Primo de Rivera, que inauguraría su Dictadura y el fin de la Monarquía de Alfonso XIII. Hasta noviembre de 1933 tuvo una periodicidad quincenal. A partir de entonces y hasta agosto de 1936, ya iniciada la guerra civil, pasó a ser semanal. En este momento la publicación se dedicó a la defensa de la teoría anarquista frente a las tesis anarcosindicalistas y la CNT. Escribieron Max Nettlau, Adrián del Valle, Carlos Malato, Diego Abad de Santillán, Sebastián Faure, Luigi Fabri, Germinal Esgleas, Casimiro Pla, Juan Gallego, Felipe Alaiz, el propio Federico Urales, etc.
En relación con la revista se editaron las colecciones de novelas políticas La Novela Ideal y La Novela Libre, un ambicioso proyecto editorial. La primera colección sacaba dos novelas cada quince días, y la segunda contenía novelas de mayor extensión. Soledad Gustavo era la editora, la persona que administraba y coordinaba todo frente a Federico Urales y Federica Montseny, la hija de ambos, se dedicaban a escribir incansablemente. Es difícil encontrar una empresa cultura de este tipo en la historia.

Eduardo Montagut