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viernes, 22 de enero de 2016

Apuntes sobre el inicio del anarcosindicalismo en España

El anarcosindicalismo se vertebra en torno al sindicato como protagonista indiscutible de la movilización social, y tuvo un evidente éxito entre la clase obrera española. El sindicato se organizaba por ramas o sectores de producción. Buscaba, en primer lugar, transformaciones en el ámbito laboral, de ahí la popularidad que alcanzaron. Pero ese sería solamente el paso previo, ya que, al final lo que se pretendía era la revolución social, con la huelga general como instrumento fundamental.
200px-Logo_CNTEl anarcosindicalismo recoge algunos aspectos del marxismo para unirlos con las ideas anarquistas, como era la lucha libertaria, su aversión hacia la política y la participación en las instituciones democráticas, y la descentralización en la gestión. Hubo roces entre el anarquismo teórico y el anarcosindicalismo. Los grandes teóricos del anarcosindicalismo fueron Anselmo Lorenzo, Llunas i Pujals, etc., y los dirigentes más conocidos fueron Salvador Seguí, Ángel Pestaña, y Joan Peiró. En 1919 se celebró un congreso donde se establecieron algunos puntos: el comunismo libertario, la acción directa como forma de lucha, supresión de la propiedad privada y abolición del Estado.
Aunque hemos hablado de los conflictos entre el anarquismo teórico y el anarcosindicalismo no cabe duda que los enfrentamientos importantes se dieron entre éste y el socialismo español, ya fuera con el PSOE, ya, especialmente, con la UGT. Los anarcosindicalistas criticaban a los socialistas por reformistas, porque buscaban participar en las instituciones, y porque no los consideraban revolucionarios. En la historia del movimiento obrero español es muy importante conocer la competencia y conflicto entre la CNT y la UGT.
El anarcosindicalismo aparece con la creación de Solidaridad Obrera y con la formación de la CNT. En el ámbito pedagógico destacará la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, y su editorial y periódico, “La Huelga General”.

Eduardo Montagut

jueves, 31 de diciembre de 2015

Los Ateneos Obreros

Los ateneos obreros aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa a los ateneos que la burguesía había ido creando en distintas ciudades como centros para el fomento de la cultura y del arte.
Los ateneos obreros pretendían ser centros culturales populares, es decir, se centraban en las preocupaciones y necesidades culturales y de ocio de las clases trabajadoras. Destacarán, entre muchos ejemplos, el Ateneo Catalán de la Clase Obrera y el Ateneo Enciclopédico Popular.
(Wikipedia)
Hemos señalado que los ateneos obreros se presentaban como una alternativa a los ateneos burgueses pero, conviene, señalar que surgieron también por el desinterés del Estado liberal por la educación y fomento cultural de los obreros.
Los anarquistas mostraron una intensa y constante preocupación por la mejora cultural de los trabajadores. Por su parte, los socialistas se incorporaron después a esta iniciativa desde una posición inicial más recelosa o tímida. A finales del siglo XIX cambiarán de posición y se lanzarán a intentar conquistar el espacio cultural perdido ante los anarquistas, empleando las casas del pueblo. En lo que sí estaban de acuerdo unos y otros era en que el triunfo de sus ideas debía ir precedido o acompañado de la educación del proletariado. Si los obreros no tenían educación ni cultura era imposible que la revolución triunfase.
Los ateneos obreros se organizaron como un espacio común, una casa para todos los obreros, desde donde se difundían doctrinas e ideas sociales y políticas, especialmente las relacionadas con las ventajas de la asociación y la organización como medios para luchar en defensa de sus intereses, además del reforzamiento de la conciencia de clase.
Este primer objetivo se fue acompañando del eminentemente cultural. Se abrieron en su seno bibliotecas populares, centros de lectura, escuelas para adultos y para los hijos de los obreros, espacios para desarrollar el deporte, actividades musicales y teatrales, así como lugares para el ocio.
A comienzos del siglo XX se vivió una verdadera eclosión de ateneos obreros de signo anarquista, pero, también las casas del pueblo socialistas albergaron las actividades propias de los ateneos. Es importante destacar que, en algunos casos ateneos y casas del pueblo llegaron a contar con actividades relacionadas con servicios médicos, mutualidades y economatos.
Eduardo Montagut

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El anarcosindicalismo ante la Segunda República

Los anarcosindicalistas de la CNT sufrieron una dura etapa de represión y de clandestinidad durante la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, y que les afectó de forma evidente. Los más activistas encontraron serias dificultades para la labor de los grupos de acción terrorista y su enfrentamiento con el sector más posibilista, encabezado por Ángel Pestaña, contribuyó a complicar el desarrollo de la central sindical.


En plena crisis del anarcosindicalismo por la represión y por los enfrentamientos internos surgió la FAI, la Federación Anarquista Ibérica, en Valencia en el mes de julio de 1927. Como indica su nombre, su ámbito incluía toda la Península, aunque, en principio, se le quiso dar una dimensión europea y americana a esta federación. Se trató de reunir a todas las tendencias del anarquismo. La reunión de Valencia culminaba un proceso de reuniones previas en Barcelona, Francia y Portugal. 

En dicha reunión se integraron la Unión Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia. La FAI pretendía asegurar la hegemonía anarquista en la CNT, frente a la influencia de la minoría comunista y de los dirigentes sindicalistas reformistas más moderados. Se estableció la fórmula de la "trabazón", es decir el enlace entre la línea sindical y la de los específicamente anarquistas.

En el intenso período histórico que va desde la caída de Primo de Rivera a la proclamación de la República, los anarcosindicalistas comenzaron a movilizarse. En febrero de 1930, la CNT seguía en la clandestinidad pero se celebró un pleno de regionales, que se pronunció por la colaboración con los republicanos aunque en términos un tanto ambiguos. Se basaba en la necesidad de que se convocaran unas Cortes Constituyentes, se afirmase la libertad sindical y se amnistiase a los presos políticos. Pestaña protagonizó un acto clave para que la CNT volviera a ser legal, al entrevistarse con el general Mola, director general de Seguridad. La legalización de la central sindical permitió el resurgimiento de la actividad anarcosindicalista. 

Ángel Pestaña, Juan Peiró y otros dirigentes movieron a la CNT hacia una cierta colaboración con los conspiradores republicanos. De forma paralela, se volvía a la estrategia de la huelga y la movilización. Pero en la CNT seguía siendo poderoso el sector contrario a la colaboración con los republicanos y a aceptar compromisos con fuerzas que no fueran obreras. Por otra parte, los republicanos no se atrevieron a dar el paso de invitar a los anarcosindicalistas a la conjunción antimonárquica que se estaba formando, prefiriendo a los socialistas. 

Eduardo Montagut



martes, 22 de diciembre de 2015

Solidaridad Obrera

La Solidaridad Obrera fue una organización sindical constituida el 3 de agosto de 1907 como resultado de la coordinación de las organizaciones obreras de Barcelona. Fue la culminación de un proceso de modernización del obrerismo catalán con influencias del francés y estimulado por la creación de la Solidaritat Catalana. Desde el principio quiso tener vocación estatal y su creación había sido promovida por sindicatos diversos en Madrid, en Barcelona y Cataluña. Nació, pues, como un intento de pacto o unión entre el movimiento obrero socialista y el anarquista y como alternativa obrera al lerrouxismo y al catalanismo de la Solidaritat Catalana. Sus principales impulsores fueron Antoni Colomé, Badia Matamala, Jaume Bisbe, Ramon Lostau, Fabra i Ribas, Miquel V. Moreno, Tomás Herreros, Josep Roman, Josep Mas-Gomerí y Salvador Seguí. Las primeras reuniones comenzaron en el mes de mayo entre socialistas, anarquistas y republicanos.
El 20 de julio, treinta y dos entidades -socialistas, anarquistas, republicanas- firmaron el Manifiesto de Solidaridad Obrera a los Trabajadores de Barcelona, de fuerte influencia libertaria. Las sociedades adheridas, con el apoyo de Ferrer i Guardia, iniciaron el 19 de octubre de 1907 la publicación del semanario “Solidaridad Obrera”. Hasta la época de la Semana Trágica tuvo importantes colaboradores, como Anselmo Lorenzo. A partir de 1910 se convirtió en una publicación claramente vinculada a la creación de la CNT. “Solidaridad Obrera” es clave en la historia de la prensa española por su contribución a la difusión de las ideas y prácticas anarcosindicalistas y del movimiento obrero, en general.
En septiembre de 1908 se intentó superar el marco barcelonés y, para ello, en un Congreso celebrado en la ciudad se creó la Confederación Regional de Resistencia Solidaridad Obrera con representación de entidades de Barcelona y su provincia, Reus, Tarragona, Blanes, Girona y Palafrugell, intentando, además, mantener un cierto equilibro entre socialistas y anarquistas pero no pudiendo evitar los choques con los lerrouxistas, enfrentamiento que comenzó en el verano de 1908. Los socialistas irán siendo gradualmente marginados.
La Semana Trágica y su fuerte represión provocaron un evidente freno para la Solidaridad. El segundo Congreso, ya de ámbito nacional, se reunió entre el 30 de octubre y el 1 de noviembre de 1910. En dicho Congreso los socialistas fueron contrarios a crear una organización estatal porque entraría en colisión con la UGT. En ese momento se decidió la creación de la Confederación General del Trabajo (CNT). Fue, pues, el momento que marcó el final de la Solidaridad Obrera y el comienzo de la CNT.
Eduardo Montagut


jueves, 17 de diciembre de 2015

Soledad Gustavo y Federico Urales

En este artículo nos acercamos a dos personajes fundamentales de la historia del anarquismo, padres a su vez, de otra de las figuras claves del propio anarquismo y de la Historia de España, Federica Montseny.
Soledad Gustavo nació en Vilanova i la Geltrú en el año 1865. En realidad, su nombre era Teresa Mañé y estuvo casada con Federico Urales, padres ambos de la líder anarquista Federica Montseny, como hemos expresado. Soledad Gustavo se preocupó de los derechos de la mujer y está considerada una de las principales feministas dentro del anarquismo español. Fundó una escuela librepensadora y dedicó gran parte de su vida a escribir en revistas libertarias como “La Tramontana”, “El Productor”, “La Revista Blanca”, “Tierra y Libertad”. Entre sus obras destacarían las siguientes: La sociedad futura (1899) y El sindicalismo y la anarquía (1933). Soledad Gustavo murió en Perpiñán en 1939.
Federico Urales, pseudónimo de Juan Montseny, por su parte, fue también un destacado anarquista, que nació en 1864 en Tarragona. Fundó y dirigió la Escuela Laica de Reus. Procesado en Montjuich (1896-97), fue encarcelado y luego desterrado. Vivió en Londres y París. Fue un escritor incansable. Escribió en “La Revista Blanca” y “Tierra y Libertad”. Dirigió dos colecciones de novela libertaria en los años veinte: La Novela Libre y La Novela Ideal. Estas colecciones tuvieron una honda repercusión popular y sirvieron para hacer llegar a un amplio sector de la población las ideas anarquistas, la fe en la ciencia y en la razón. Murió en el exilio francés en el año 1942, unos pocos años después que su compañera.
Eduardo Montagut