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sábado, 16 de enero de 2016

Las huelgas de inquilinos

Los problemas derivados de la vivienda no son actuales. Con distintas variantes y situaciones, derivadas del contexto histórico, siempre han existido. En este trabajo nos acercamos a cómo los elevados precios de los alquileres llevaron a la movilización social en el pasado siglo.
Las huelgas de inquilinos surgieron a principios del siglo XX en diversas ciudades españolas, aunque, al parecer en 1883 en un congreso de trabajadores de Valencia se llegó al acuerdo de promover huelgas de inquilinos para que los propietarios bajaran los alquileres. En los inicios del nuevo siglo se detectan en la prensa y en congresos obreros llamamientos para organizarse con el fin de que se rebajasen los precios de los alquileres. En Barcelona se creó la “Sociedad de inquilinos la Unión”. Dicha organización animaba a los obreros a unirse en todo el país para el fin propuesto, para evitar los desahucios y proponiendo la huelga de inquilinos para conseguirlo. El impago masivo de alquileres se podía convertir en un arma eficaz. Tenemos que recordar que la mayoría de la población española vivía en régimen de alquiler. El acceso a la propiedad es un fenómeno relativamente reciente de nuestra historia contemporánea.
Las primeras huelgas de inquilinos se desarrollaron en Baracaldo y Sestao en 1905, donde se llegó a paralizar la vida en esta importante zona industrial. En 1919 destacó la huelga de inquilinos de Sevilla. Ya en los años treinta se dieron dos grandes huelgas de este tipo: en 1930 en Barcelona y tres años después en Tenerife. Pero estas movilizaciones no fueron exclusivas de España porque el fenómeno se dio también en Europa, con ejemplos destacados en Budapest, en Viena o la muy importante de Glasgow donde se movilizaron veinte mil personas en 1915. También hubo huelgas de inquilinos en América, especialmente en Argentina. En 1907 se dio la que podría ser considerada la más grande de todas, ya que afectó a más de cien mil inquilinos.
Como ha quedado apuntado, estas huelgas consistían en dejar de pagar los alquileres colectivamente, como forma de presión para una mejora de las condiciones de vida. Se reivindicaba una bajada de los alquileres y también la construcción de viviendas públicas baratas. Además, los participantes en estas huelgas se organizaban para evitar desalojos. Las mujeres se destacaron en esta faceta de la lucha social. Las huelgas de inquilinos en España tuvieron cierta influencia del anarquismo y no tanto del socialismo. Tanta fuerza tuvieron estas movilizaciones que las autoridades se emplearon a fondo en su represión con intervenciones policiales para detener a los protagonistas y que se pudieran emprender los desahucios.
A corto plazo estas luchas fracasaron porque no pudieron bajar los alquileres ni que las autoridades reconociesen a los grupos o ligas de inquilinos como interlocutores, pero en una perspectiva más amplia, no cabe duda que contribuyeron a que se terminase por reconocer el derecho a la vivienda. Aún así, en muchos lugares, incluido nuestro país, es un derecho no garantizado.

Eduardo Montagut


viernes, 25 de diciembre de 2015

La Huelga General

Históricamente, la huelga general ha sido considerada por el sindicalismo revolucionario como el medio más adecuado para conseguir el triunfo de la Revolución sobre las fuerzas económicas, sociales y políticas que sostendrían el capitalismo. A través de la huelga general, los sectores productivos pasarían a manos de los obreros y campesinos, quienes expropiarían los medios de producción. Estos medios se organizarían a través de sindicatos, comités y cooperativas. Es la expresión máxima de la acción directa. En la Carta de Amiens de 1906 de la Confederación General del Trabajo de Francia se estableció que la huelga revolucionaria era el camino para llegar al final del proceso revolucionario, llegando a la total emancipación capitalista. En aquella reunión se reafirmó la independencia de los sindicatos frente a los partidos políticos.



Por su parte, en el ámbito socialista la cuestión de la huelga general fue intensamente debatida en la Segunda Internacional. En 1904 se llegó a una postura de compromiso sobre la huelga general que, en el fondo, suponía la renuncia a este instrumento para terminar con el capitalismo. Pero, al año siguiente, se reabrió el debate cuando estalló la Revolución rusa de 1905, iniciada con una huelga general. Por fin, en 1906, fueron derrotadas las tesis revolucionarias en el seno de la Internacional y se desechó definitivamente el empleo de la huelga general.

En España, tanto la CNT como la UGT utilizaron la huelga general en distintos momentos y ámbitos geográficos: en 1902 en Cataluña y en 1917 en toda España. En la línea de lo que hemos estudiado sobre las diferencias entre el sindicalismo revolucionario y el socialismo, el anarcosindicalismo español siempre fue más partidario de la huelga general que el sindicalismo socialista. Para los socialistas la huelga general generaba un desgaste de las fuerzas sindicales.
La huelga general no tiene, en la actualidad, un carácter revolucionario, ya que se emplea como un medio para solucionar problemas que no encuentran solución mediante huelgas parciales, o para acelerar cambios políticos y sociales.

Eduardo Montagut


lunes, 21 de diciembre de 2015

Proudhon

Proudhon es un personaje clave a caballo entre el socialismo y el anarquismo, con una serie de planteamientos muy sugerentes, que merecen nuestra atención, especialmente los relacionados con el mutualismo y las cooperativas. En este breve artículo realizaremos una aproximación a sus ideas.
Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) fue un pensador autodidacta francés que planteó profundas críticas de la realidad de su momento. En París se relacionó con los socialistas utópicos de la órbita Fourier. Entre 1840 y 1842 publicó sus conocidas Memorias sobre la propiedad. En la primera de ellas planteó la famosa pregunta sobre qué era la propiedad, y su consideración como un “robo”. La propiedad no se basaría en el trabajo, ni en el derecho natural ni en la ley, sino en la ocupación violenta. Su existencia obligaba, por tanto, a los hombres a realizar un trabajo por el que recibían una retribución aunque parcial. Pero Proudhon no era contrario completamente a la propiedad. Respetaba aquella que nacía del trabajo. Lo ideal era que todos tuvieran la obligación de trabajar y, de ese modo, generalizar la propiedad, dejando fuera a los perezosos.
Pero su obra fundamental es su Sistema de las contracciones económicas, o Filosofía de la miseria (1846). Se trata de un texto donde se fusionan el socialismo utópico con elementos de la economía clásica liberal. En la obra se defiende el mutualismo, un sistema donde quedaría abolido el dinero y donde se establecería un intercambio justo de los productos, medio para construir una sociedad armónica. El concepto de autoridad quedaría sustituido por el del contrato libre. No serían necesarias las leyes ni las instituciones. Proudhon aborrecía la violencia como medio para transformar el orden. En contraposición se debía establecer una etapa intermedia con el establecimiento de un sistema de crédito sin intereses y la creación de cooperativas. Todo esto provocó la condena de Marx que le acusó de defender un tipo de socialismo pequeño burgués.
Proudhon participó en el proceso revolucionario de 1848 al ser elegido diputado de la Asamblea Nacional. Napoleón III le condenó a tres años de prisión por el delito de incitación al odio.
Las ideas de Proudhon se acercan al anarquismo por su fuerte crítica al estatismo socialista marxista. También fue muy crítico con la Iglesia, defendiendo el mantenimiento del concepto de familia. Del anarquismo evolucionó hacia una especie de federalismo democrático como solución al problema del Estado. También modificó su inicial ataque a los métodos violentos, al considerar en la obra La guerra y la paz (1861) que la guerra podía ser lícita en determinadas circunstancias.
Un aspecto más polémico es el relacionado con sus ideas sobre la mujer. Proudhon mantuvo una postura antigualitaria evidente porque no contemplaba el destino de la mujer fuera de la familia y el hogar.
En conclusión, Proudhon ejerció una gran influencia en el movimiento obrero francés, en los anarquistas, y en los socialistas defensores de fórmulas cooperativistas.

Eduardo Montagut